9 de octubre de 2013

✍ Mi secreto confesional

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El día de hoy, 11 de octubre de 2013, lo elegí para contar un secreto que vengo guardando desde hace años. Este día no lo elegí al azar sino que porque es efemérides de un evento. Justo hoy es el veinteavo aniversario desde que este secreto está guardado:




Mi secreto confesional

Un día lunes 11 de octubre de 1993 tenía 6 años y a escondidas de mi familia comencé ahorrar dinero quién sabe porqué motivo. Quizás fue un anuncio de la tele, algún juguete incomprable, ya ni recuerdo en verdad. Pero ese día un engranaje de mi psiquis se alteró y comencé a ahorrar de forma compulsiva.

Cómo fui a una escuela privada había movimiento: todo billete o moneda que pasaba por mis ojos iba sigilosamente a mi escondite.  Los alfajores que mi vieja me daba para la escuela, los revendía en el recreo. El contenido de las "bolsitas" de souvenire de los cumpleaños de mis amigos, se los terminaba vendiendo a ellos mismos. El paraíso de un niño consumista para mi era una oportunidad de inversión.

Como fui a una escuela católica, el problema ético siempre lo resolví saciando la culpa. El cura confesional era cómo mi abogado asesor, si me delataba estaba rompiendo con su secreto profesional.

"Dios te salve maría, llena eres de gracia..." y otra vez al recreo, en donde me esperaban cientos de bolitas. Como siempre fui bastante bueno en ese juego, tanto que nadie quería jugar conmigo. Cuando obtuve un buen número sólo bastó con fijarle un precio de venta menor al que se encontraba en el mercado y puuuuum! mi capital se duplicó en algunos meses.

"El señor es contigo, bendita tu eres..." decía de rodillas, mirando a la lata donde guardaba los billetes. Luego fueron los juegos de mesa y los perfume Pibes y Paco que me regalaban todos los años. En cuanto las estampitas de la primera comunión, no sólo vendí las mías, sinó que también las de mis compañeros de grado se las vendí a un tía bastante ciega.

"Bendito es el fruto de tu vientre..." susurraba varias veces al cambiar de guarida, porque el volumen del tesoro aumentaba exponencialmente. Nunca pensé con determinación en qué gastarlo, sino que el qué la sensación y el ver qué el tesoro crecía, era un acto de placer en sí mismo.

"Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores...", esa frase siempre me ayudó. Me recuerda que no soy un monstruo, ni soy el único. Todos somos pecadores, todos tenemos secretos y eso nos hace humanos. Mi biblioteca entera es falsa: todos los libros son en realidad cajas huecas, pequeñas bóvedas que dejaron de esconder historias para encerrar mi tesoro secreto. Y así pasaron 20 años.

"Ahora y en la hora de nuestra muerte..." Cada vez tengo menos espacio:  la cama sobre la que sueño es un colchón relleno de billetes. Lo mismo con muchas cajas, cajitas, bolsos, mochilas, que me invaden de a poco, cada vez más. Cada vez menos espacio para mí, y más para ellos. Me afixian.

¿Pero qué hacer con ellos? Cada día se devalúan y ocupan más ¿Comprar dólares? Imposible. ¿Depositarlo en un banco? Quizás podría empatarle a la inflación... ¡No! ¡No confío en los bancos! Hoy tuve una idea, voy invertirlos en un negocio infalible. ¡Pelucas! 300 mil pesos en pelucas.

"Amén"



Continuará...
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¡Ahora te toca a vos! Elegí como continúa el relato. Dejá tu voto en los comentarios.
  1. Si querés que te detalle en qué consiste el negocio infalible de las pelucas.
  2. Si querés que la derroche en placeres varios.
  3. Si querés que gaste todo el dinero en la caja misteriosa marcada con signos de preguntas.
  4. Si tenés otra idea de en qué puedo gastar todo mi dinero.
  5. No te creo, contame más.
  6. No te creo, no me cuentes más.
  7. h. i. 0. 3. 0. 3. 4. 5. 6. Ya la la la la la lá...


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