12 de julio de 2013

Epidemia del baile de 1581

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El baile de la boda (1566) de Pieter Brueghel 

En julio de 1518, una mujer conocida como Frau Troffea se adentró en una estrecha calle en Estrasburgo, Francia, y comenzó un baile que duró entre cuatro y seis días. A finales de esa semana, otras 34 personas se habían sumado a ella y en un mes ya eran 400 las que bailaban y brincaban al unísono... Para finales de ese verano, decenas de personas habían muerto de ataques al corazón, derrames cerebrales y puro agotamiento debido a ese "bailar sin parar días y días seguidos"...

Diversos documentos históricos, incluyendo "observaciones médicas, sermones catedralicios, crónicas locales y regionales, así como notas publicadas por el consejo municipal de Estrasburgo", dejaban claro que las víctimas estaban bailando. El motivo por el que esas personas bailaran compulsivamente hasta la muerte nunca fue esclarecido.

Mientras la epidemia se extendía, nobles locales preocupados por la situación pidieron consejo a médicos de la región, los cuales descartaron la posibilidad de causas astrológicas o sobrenaturales, diagnosticando el problema como una "dolencia natural" causada por "sangre caliente". Sin embargo, en lugar de prescribir la sangría, las autoridades alentaron más el baile, en parte con la apertura de dos salones de baile: un mercado de grano y un escenario de madera en el lugar del fenómeno. Esto se hizo en la creencia de que los danzantes sólo se curarían si continuasen bailando día y noche. Para aumentar la efectividad de la cura, las autoridades llegaron a contratar músicos para mantener a las víctimas en movimiento.

Por otra parte el historiador John Waller, autor del libro, Tiempo para morir: La Extraordinaria Historia de la plaga de baile de 1518 estudió la enfermedad y, al parecer, resolvió el misterio.

"Que este hecho histórico ocurrió es indiscutible", dijo Waller. Explicó que los registros históricos que documentan las muertes por “baile”, como señalaban los médicos, los sermones de la catedral, las crónicas locales y regionales, e incluso las notas emitidas por el Ayuntamiento de Estrasburgo durante el apogeo de la epidemia, no dejaban lugar a dudas de lo que allí sucedía:
Eran simplemente temblores, agitación o convulsiones; aunque sus brazos y piernas se movían como si estuvieran bailando a propósito.

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