4 de julio de 2013

✍ Faustroll más pequeño que Faustroll

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Collage: Le Docteur Faustroll, André Stas.

Seguimos con otro de los capítulos de una de las obras cumbres del excéntrico escritor Alfred Jerry. Dicha "novela neocientífica" titulada Gestas y Opiniones del Doctor Faustroll, patafísico:


IX

Faustroll más pequeño que Faustroll

A William Crookes.
Otros locos repetían sin cesar que uno era al mismo tiempo más grande y más pequeño que él mismo, y publicaban cantidad de desatinos semejantes, como se se tratara de útiles descubrimientos.
Le Talisman d'Oromane.
El doctor Faustroll (si se nos permite hablar de experiencia personal) un día pretendió ser más pequeño que sí mismo, y resolvió ir a explorar uno de los elementos, para examinar qué perturbaciones traería aparejada esa diferencia de tamaño en sus relaciones recíprocas.
Escogió ese cuerpo comúnmente líquido, incoloro, incompresible y horizontal en pequeña cantidad; de superficie curva, profundidad azul y bordes animados por un movimiento de vaivén cuando está en extensión; del que Aristóteles dice que, como la tierra, es de naturaleza grave; enemigo del fuego y que de él renace, cuando está descompuesto, con explosión; que se vaporiza a cien grados, al que determina, y que solidificado flota sobre sí mismo, ¡el agua, para más datos! Y habiéndose reducido, como paradigma de pequeñez, al tamaño clásico de una pulga, viajó a lo largo de la hoja de un repollo, sin prestar atención a las pulgas colegas y los aspectos aumentados del todo, hasta que tropezó con el Agua.
Fue una bola, dos veces más alta que él, a través de cuya transparencia las paredes del universo le parecieron cumbres gigantescas y su propia imagen, oscuramente reflejada por el azogue de las hojas, elevada a la estatura que había abandonado. Percutió la esfera con un leve topetazo, como se golpea una puerta: el ojo desorbitado de vidrio maleable "se acomodó" como un ojo vivo, se volvió présbite, se alargó según su diámetro horizontal hasta la ovoide miopía, rechazó a Faustroll en esa elástica inercia y volvió a su estado de esfera.
El doctor, con gran esfuerzo, hizo girar el globo de cristal hasta un globo vecino, deslizándose sobre los rieles de las nervaduras del repollo, puestas en contacto, ambas esferas se aspiraron mutuamente hasta deshilacharse, y el nuevo globo, de doble volumen, se acomodó plácidamente ante Faustroll.
Con la punta de su botín, el doctor aporreó el aspecto inesperado del elemento: una formidable explosión de esquirlas y sonidos resonó, tras la proyección en derredor de nuevas y minúsculas esferas, con una seca dureza diamantina, que rodaron un poco por todas partes a lo largo del verde anfiteatro, arrastrando cada una bajo su impulso la imagen del punto tangente del universo que deformaba según la proyección de la esfera, y cuyo fabuloso centro aumentaba.
Por debajo de todo, la clorofila, como un banco de peces verdes, seguía sus conocidos meandros en los canales subterráneos del repollo...


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